A pesar de que tenía (y tengo) varios temas pendientes para tratar en el Blog, no he podido tomarme el tiempo de escribir ya que… emmm… bueno, no he tenido tiempo. Un viaje a donde mi hermana, un trabajo lejos del ciber y mucho que hacer en mi faceta de programador me han prohibido escribir algunas tonterías aquí, pero veré si me puedo poner al día (y a ver cuánto me dura).
Hace tiempo que quería comentar mi viaje a Punta Arenas (doudécima región, ubicado al extremo sur de Chile), pero no precisamente mi entorno familiar, sino quería comentar lo curiosa que me pareció esta ciudad que está en el dedo meñique del mundo. Una ciudad que está aislada de todo Chile y tiene más respaldo argentino que de nuestra patria… me impresionó en el supermercado ver tanto producto argentino, especialmente el detergente Ala, siendo que en Chile ese mismo producto se llama Omo. Otra cosa espantosamente increíble son las papas… ¡son carísimas! cuestan 10 veces lo que valen aquí, y subrayando el hecho de que ¡son prácticamente blancas! deben tener menos sabor que un chicle gastado.
Una de las más grandes quejas que he escuchado allá es lo aislado que está la ciudad con el resto del país… y eso se puede comprobar viendo comerciales o promociones en donde dicen “¡En todo Chile!” y te das cuenta que debajo dice “excepto XII Región”. Quizás los inversionistas no ven esta ciudad como buen negocio, y con justa razón: todos los locales cierran sus puertas sagradamente a las 20:00 y pasada esa hora encontrarás todo cerrado, a pesar de que mucha gente sigue movilizandose por las calles… ¿y a qué empresa le animaría a invertir en una ciudad que se duerme tan rápido? además creo que esos negocios son poco astutos: si yo tuviera una tienda de ropa y el resto de los locales de ropa cierran a las 20:00 mientras hay movimiento en las calles, obviamente mantendría abierto porque así me quedo con todos los clientes, pero lo que vi en Punta Arenas parecía un toque de queda autoimpuesto.
Pero esta ciudad también tiene su lado positivo: es una ciudad muy sana y segura para vivir. En todo mi viaje no vi NI UN SOLO Carabinero (policía) patrullando en las calles. Quienes viven allí están de acuerdo en que si vas por la calle, se te cae tu billetera y alguien la recoge (aunque sea alguien con apariencia de delincuente), ¡te la devuelve!. Me cuentan cosas curiosas, como que un par de jóvenes con aspecto rebelde se acercan a una persona y le dicen:
- ¿Tienes un cigarro?
- No
- Ah, disculpe.
¿En qué ciudad se da eso? Es algo admirable y digno de imitar, especialmente en mi ciudad por donde tengo que caminar con ojos en la espalda para cuidar que no me roben.
Otra cosa genial es la Zona Franca (un lugar lleeeeeeeeeeeeno de tiendas donde venden de todo libre de impuestos). Si hubiera llevado dinero, me hubiera traído hasta las escaleras automáticas… es un verdadero vicio.
Una ciudad peculiar y muy poco común. Es un lugar bonito para vacacionar y pasar un par de semanas lejos de todo, pero no lo veo recomendable para vivir porque sería tan aburrido como una fila de banco. ¡Ah! Un Bonus track: esta foto la tomé desde la casa de mi hermana a las 23:00 horas y el cielo dice todo lo contrario… increíble.
