Molestando un rato a Belén Esteban

Si con suerte conozco la farándula chilena, mucho menos conozco a la española, pero esta oportunidad no podía perdermela. Hay una opinóloga en España llamada Belén Esteban, que vendría siendo el equivalente a Rocío Marengo (por lo polémica) con el físico de Raquel Argandoña. Por lo que he leído, es muy poco querida en su país y en su sitio Web tiene publicado mucho material para sus “fans”. Y para deleite de sus detractores, ha abierto una cuenta en Twitter… ¿y cómo quedarme fuera de la entretención?

Me comuniqué con ella por este medio y la convencí de que tiene muchos fans en Chile, que es muy conocida y además muy querida. Luego le pedí que enviara un par de saludos a sus fans:

Y luego le pedí que enviara un saludo cordial a una amiga muy especial:

TRADUCCIÓN: Valezka Llampa = “Vales callampa” = No vales nada / eres basura

¿Fui muy cruel? ¿Sí? Entonces tengo sólo una palabra para decir: ¡MUAJAJAJAJAJAJA!

Una valiosa lección de vida: actitud ganadora

Uno nunca termina de aprender lecciones de vida (y el que cree que lo sabe todo, entonces no sabe NADA). Hoy en una actividad de un curso que le realizaron a unos colegas de mi trabajo (que no me incumbía, pero igual paré la oreja), tuve la oportunidad de presenciar una lección que me hizo cambiar mi manera de ver ciertas cosas. Espero que te sirva.

El anfitrión de la charla le pidió a los participantes que se separaran en tres grupos y les dijo:

- Señores, en esa mesa hay seis barras de chocolate. Analicen la situación y en grupo tomen una decisión muy simple: ¿cuántas barras de chocolate quieren sacar de la mesa?

Los tres grupos por separado analizaron el tema y la mayoría dijo “¡tomemos las seis barras! ¡si! ¡tomemos todas!”. Ya estaba decidido rápidamente, pero el orador dijo de pronto:

- ¡Ah! Se me olvidaba un detallito: de esas seis barras, tres tienen penitencias como bailar, cantar, etc.

Los integrantes de los tres grupos quedaron de piedra, y comenzaron a dudar de su decisión: un grupo dijo que tomarían sólo dos, otro dijo que tomarían cuatro y el último grupo decidió tomar las seis barras de chocolate. Un representante de cada grupo se puso en la línea de partida y a la señal de ¡ya! todos fueron corriendo a la mesa para pelearse por sacar la cantidad deseada. Luego de obtener la cantidad que pudieron sacar, analizaron el tema y eso fue lo que encontré muy interesante.

Al momento de decidir cuántos chocolates sacarían para el grupo, en primera instancia la idea era tomar todas las barras, pero al momento de saber sobre las penitencias, dieron un paso para atrás. ¡Esa es una actitud negativa! La actitud correcta es “sacaré las seis barras… ¿y si nos toca penitencia? ¡qué importa! hacemos la penitencia y punto, así tendremos las seis barras”.

La lección que recogí de esta actividad es que hay que jugársela cuando tenemos una gran oportunidad. ¿Y si hay un riesgo? ¡no importa, lo asumimos y punto! Siempre habrán baches en todo objetivo que tengamos, y no podemos usarlo como argumento para arrepentirnos a hacer algo que nos podría beneficiar. Quizás eso suene obvio, pero seguramente más de alguna vez sin darnos cuenta nos hemos arrepentido de hacer algo por algún motivo no tan importante… esta lección me enseñó a vivir la vida como un “Shumájer”.

Un buen profesor

El otro día me desayuné con la noticia de que el Ministro de Educación, Joaquín Lavín, le daría un montón de incentivos a los estudiantes con alto puntaje en la PSU para motivarlos a que entren a pedagogía, para que hayan mejores profesores en nuestro criticado sistema educacional. Bien por Lavín, bien por los beneficiados, pero ¿bien por la educación? Permítanme dudarlo un poquito…

¿Qué es un buen profesor? La experiencia que me han dado mis años de pingüino me han enseñado que el mejor profesor no es quien sepa más, sino quien tenga la capacidad y el talento para motivar a sus estudiantes a que retengan la información (porque nosotros estudiamos para adquirir conocimientos, ¿no?). En otras palabras: si Albert Einstein no sabe enseñar, entonces no sirve para profesor. Recuerdo que cuando iba en la enseñanza media, tuve un profesor de Física que sabía mucho pero nunca nos motivó a retener lo que nos enseñó… sus clases y pruebas eran algo así como tomar un trozo de carbón con la mano: había que sostenerlo a la fuerza para soltarlo rápidamente apenas pasaramos a otra materia. La consecuencia de tener un mal profesor es que en este preciso momento no recuerdo NADA de Física.

¿Esa beca que ofrece Lavín nos garantiza tener buenos profesores? Yo lo dudo. Una persona con conocimientos elevados no es sinónimo de ser un buen profesor, de hecho tengo la sospecha que eso cosechará más profesores malos interesados más en las becas que por su vocación a enseñar.

Creo que la mejor motivación para formar mejores profesores dispuestos a enseñar BIEN a los pequeñines es apuntar esas becas a los profesores que mejor hagan su pega. Así se lograría mejor el objetivo que andar repartiendo becas a los más mateos. Eso.

Recordando a Ramón Valdés, Ron Damón

El día 9 de Agosto de 1988, el gran Ramón Valdés partió a vivir a la vecindad del cielo, dejando millones de fans y una deuda millonaria al Sr. Barriga por sus 14 meses de renta impagas. Hoy, 22 años después, se sigue ganando la simpatía tanto de las nuevas generaciones como las más vejetes cuando aparece en El Chavo del Ocho, provocando las mismas risas (incluso si hemos visto un capítulo miles de veces).

Este es un buen momento para recordarlo en su aniversario. He seleccionado dos de mis momentos favoritos de Don Ramón para recordarlo este día:

  1. Los churros: El pobre Don Ramón dejó el puesto de churros de Doña Florinda a cargo del hambriento Chavo para ir “al fondo a la derecha”. Luego de que se come todos los churros y Doña Florinda le va a pedir las ganancias a Don Ramón, presenciamos uno de sus momentos más memorables, digno de una ovación de pie.
  2. El cumpleaños: Capítulo completo en el que Don Ramón está de cumpleaños pero él no se acuerda. Y para peor, él piensa que se va a morir y que nadie quiere decirselo. A mi juicio, el mejor capítulo del Chavo del Ocho.

¡Y no te doy otra nomás porque…!

Ringtones

En una de las tantas preguntas en masa que hago a la gente de internet, pregunté por los ringtones de cada uno. Nunca pensé que la respuesta sería tan aburridamente sorprendente: la mayoría de los encuestados no tienen ringtone. Me asombra porque, en lo personal, me gusta preocuparme por tener ringtones acorde a la temporada o dependiendo de quién me llame. Es tanta mi manía por los ringtones que con mis propias manos me preocupo de editarlos y recortarlos para que una canción que dura más de 3 minutos quede en no más que 40 segundos.

¿Quieres conocer mis ringtones editados?

  1. Always where I need to be (The Kooks): Mi ringtone principal, que después de mucho tiempo acompañandome en cada llamada le di un tiempo de descanso.

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  2. Psicosis: Cuando me llamaban del ciber donde trabajaba (que en paz descanse), sonaba esta musiquita en mi celular. Generalmente me llamaban para malas noticias, así que servía para espantarme de antemano antes de contestar.

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  3. La Oficina: La clásica música del Jappening con Já suena cada vez que alguien relacionado con mi trabajo (o de cariño “la ofis”) me llama.

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  4. Waving Flag (K’naan): Con toda la onda mundialera, era imposible no tener este ringtone… aunque nunca lo usé, pero igual lo incluyo en la selección.

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  5. De Música Ligera (Soda Stereo): Por ser una de mis canciones favoritas desde hace muuuucho tiempo y como homenaje a Gustavo Cerati, es mi nuevo ringtone principal para todas las llamadas entrantes.

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  6. CQC: La música característica de CQC la tengo para cuando me llama alguien de mi familia o desde mi casa. No la asigné por ningún motivo en especial, solamente me gustó el ritmo para ponerlo como ringtone y además quería reconocer cuando me llamaran desde mi casa antes de responder.

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  7. Super Mario pierde una vida: Esta melodía suena cada vez que me llega un mensaje de texto.

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Ojalá te haya gustado mi humilde selección de ringtones. ¿Y cuál es el tuyo?

Música instrumental

Ya se me hizo costumbre trabajar frente al PC con mis superduper auriculares, un gusto que fui adquiriendo poco a poco cuando descubrí que no puedo usar el teclado y ver tele a la vez. Además de la música que generalmente suena en mis oídos (desde Natalino hasta Franz Ferdinand, pasando por Guns ‘n Roses, Cerati, The Kooks y un laaaaaargo etcétera), también se ha ganado un espacio aquel estilo musical que me permite, simplemente, disfrutar de lo que escucho: la música instrumental.

Me gusta mucho escuchar la música basada sólo en instrumentos y sin ninguna cuerda vocal vibrando por ahi. Eso me permite concentrarme sin distracciones, porque generalmente yo le pongo especial atención a quien canta (por eso me es imposible escuchar música y leer a la vez). De a poquito he estado comenzando a descarg– digo, a “comprar” música que me guste, pero hay dos que han capturado especialmente mi atención: el primero, obviamente, es el maestro de maestros… el mostro entre los compositores: Yann Tiersen (o para quien no lo conozca, el genio tras la banda sonora de la película Amélie). El segundo es un grupo llamado The OneUps, quienes se dedican a interpretar música de videojuegos con su propio estilo instrumentalizado (especialmente los juegos de Mario, mi debilidad).

Uno de mis favoritos de este grupo es su versión de Rainbow Road, de Super MarioKart. Lo puedes escuchar a continuación, ¡es la raja!

Si te gusta la música instrumental y tienes buenas recomendaciones, bienvenidas sean en los comentarios.

Harry Potter y yo

Que estoy muy viejote para eso, que es para cabros chicos, que cómo puedo estar leyendo esa porquería… Con todas esas frases tengo que lidiar a menudo por considerarme fan de esta saga creada por doña Rowling. Es que Harry Potter me retornó al mundo de la lectura y me cautivó con esa trama tan bien hecha, pero no faltan los comentarios pesados de gente que no se ha tomado el tiempo de leer los libros (¿sabrán leer al menos?) y se quedan sólo con la sensación de “película infantil” que entregan las cintas. No me avergüenzo al decir que me gusta Harry Potter, porque soy de los que creen que es el libro infantil menos infantil que existe (¿en qué libro infantil hay magia negra, hechicería, muerte, sangre, maldiciones, etc?).

¿Y cómo me hice fan? Hace varios años atrás una amiga me prestó Harry Potter y el Prisionero de Azkaban y me enganchó al instante. Esa trama tan bien tejida y ese misterio que ronda cada página (tan misteriosa como ¿Dónde está Elisa?, incluso más) me motivó a interesarme en la historia completa y devorarme los siete libros. Las películas me dejan un sentimiento encontrado: por un lado me encantan porque me permiten ver en imágenes la historia que sigo, pero por otro lado me da la sensación de que manchan la imagen de la novela: para quienes sólo conocen a Harry Potter por las películas, lo relacionan con Daniel Radcliffe y con una historia para niñitos, cosa que no es así.

Un par de años después de conocer a Harry Potter llegué al equipo de HarryLatino.com (la comunidad de Harry Potter en español más grande del mundo), y por esas cosas del destino caí en el puesto de Director del sitio. Toda esa responsabilidad de trabajar en HarryLatino me aumentó el fanatismo y el interés por la historia, algo que a mis 26 años no me avergüenza para nada.

No soy de los que se disfrazan de mago para ir a los eventos o están conversando todo el día sobre el tema, pero puedo decir que la saga de Harry Potter es parte importante de la historia de mi vida (y estoy intentando de contagiarles la pottermanía a mis sobrinos).

El día en que España se quiso

Hace un tiempo, Cronista publicó en su blog personal un párrafo que me dejó reflexionando mucho tiempo, hasta el día de hoy:

Con la muerte de Pinochet me tragué nosecuantas horas de la televisión nacional de Chile, queriendo conocer la situación de primera mano. Algo me dejó sorprendido y no pude evitar comentárselo a un amigo de allí: Los defensores de Pinochet ondeaban la bandera de Chile al grito de “¡Viva Pinochet!”. Los detractores gritaban “¡VIVA MUERTO!” desde no muy lejos, pero curiosamente con la misma bandera. A todos les indentifica el mismo símbolo, fuese cual fuese su ideología.

Esas son cosas que uno no las distingue desde dentro, pero siendo espectador son mucho más evidentes. Con el regreso de la Selección Española a su tierra (recibidos como héroes, no es para menos), quise detenerme en el mismo detalle: ver cuántas banderas españolas flameaban por ahi. Lógicamente la rojigualda se destacaba en cada tiro de cámara, algo que -según mi frágil memoria- nunca había visto.

He tenido la oportunidad de conversar con varios amigos españoles y la gran mayoría (por no decir todos) me ha dicho que España es un país muy poco nacionalistas, que símbolos tan típicos para nosotros como la bandera son símbolo de conflictos entre la gente de allá… algo como si amar a su país sea algo tan sucio como besarle los callos a Franco.

Creo que esta Copa del Mundo les servirá a los españoles a reencantarse consigo mismo y sentirse orgullosos de  su patria. Como chileno que está orgulloso de su Chilito lindo, miraba con tristeza los relatos de gente que me cuenta que, por ejemplo, pasearse por la calle con la bandera española era mal visto por allá, pero creo que los españoles (o aquellos que piensan así, no sé si sean todos o la mayoría) les falta comprender que un país no es sólo la historia de un dictador o la tierra de una Familia Real que sólo sirve para sacarse fotos. Un País es su gente, su cultura, sus tradiciones, sus fiestas, sus hermosas ciudades como Madrid, Barcelona o Valencia.

¿Cómo no sentirse orgulloso de eso? ¿Cómo no sentirse orgulloso de ser español y amar a su país? Creo que es algo que a varios españoles les falta por aprender, y esta es la oportunidad ideal.

Broma de oficina: el camarín de Ricky Martin

Dentro de mi mente malvada, perversa y siniestra, tejí una idea para jugarle una pequeña broma a un colega de mi trabajo en venganza por… bueno, por cualquier cosa que vaya a hacer en el futuro. Es bastante inocente pero poderosa si se usa con maldad. Les presento El Camarín de Ricky Martin.

Materiales:

  • Una habitación en donde la gente entre y salga (de preferencia un baño).
  • Una hoja de papel y plumón.
  • Cinta adhesiva.
  • Una cámara (de preferencia que grabe video, así la humillación es más grande).
  • Una inocente víctima que no sospeche nada.

Primero debemos esperar a que el individuo entre a la habitación (o en este caso, que tenga ganas de entrar al baño). Una vez que él cierre la puerta, tomas el papel y escribe con el plumón la siguiente frase: CAMARÍN DE RICKY MARTIN. Lo pegas en la puerta con la cinta adhesiva y alistas la cámara para grabar justo en el momento en el que salga. El resultado (con un poco de edición con el auspicio de Primer Plano) es el siguiente:

Cómo el Metro Valparaíso nos mete el dedo en la boca

La típica pregunta: “¿Valparaíso tiene Metro?, y la respuesta sería “sí y no”. Tenemos Metrotren que viaja desde el Puerto hasta Limache, pasando 4 estaciones bajo tierra, y como el nombre oficial del servicio es Metro Valparaíso, ¡pues tenemos Metro y punto! (aunque sospecho que es el más pequeño del mundo).

Esto funciona con tarjetas: al entrar la pasamos por la maquinita para “marcar” el punto de entrada, y cuando queremos salir en otra estación la volvemos a pasar para que calcule el tramo recorrido y nos descuente el saldo de la tarjeta (recargable, por supuesto). Pero hay algo que me tiene muy cachudo en todo esto, encontrándolo al borde de la sinvergüenzura. El tema es el siguiente:

En el tramo que siempre tomo (de Estación Portales a Estación El Salto) me cobran $366. Y como muchos sabrán, la gran mayoría de las cosas (prácticamente TODO) se cobran con múltiplos de 10 porque las monedas de $1 y de $5 están más abandonadas que la mascota del Mundial (¿alguien la recuerda?). Pero fuera de eso, el problema que veo es en el momento de recargar: sólo puedes recargar un mínimo de $300 y múltiplos de $100 (osea 400, 500, 600…). ¿Y qué pasa si yo quiero hacer UN viaje? Primero que todo tengo que comprar la tarjetita (que vale $1.200) y además debes recargarla, pero no puedes recargar los $366 sino que debes recargar un mínimo de $400. ¿Te das cuenta? Para un viajecito en donde ellos cobran oficialmente $366, tenemos que desembolsar $1.600 de golpe. Y otro escenario: supongamos que en la tarjeta tienes $360 y el viaje cuesta $366 (me faltarían sólo 6 míseros pesos para viajar), ¿cuánto debo recargar? ¡mínimo $300!

Lo que me molesta es ¿cómo puede ser tanto el descaro como para exigir que las recargas sean mínimo $300 y múltiplos de $100 si los precios por tramo no tienen nada de redondeo? Entiendo que no es un delito y que pueden hacer lo que quieran con sus propias tarifas, pero manipular los precios y formas de pago de esa manera para fregarles la vida a los pasajeros lo interpreto con una sola palabra: SINVERGÜENZURA.