Uno nunca termina de aprender lecciones de vida (y el que cree que lo sabe todo, entonces no sabe NADA). Hoy en una actividad de un curso que le realizaron a unos colegas de mi trabajo (que no me incumbía, pero igual paré la oreja), tuve la oportunidad de presenciar una lección que me hizo cambiar mi manera de ver ciertas cosas. Espero que te sirva.
El anfitrión de la charla le pidió a los participantes que se separaran en tres grupos y les dijo:
- Señores, en esa mesa hay seis barras de chocolate. Analicen la situación y en grupo tomen una decisión muy simple: ¿cuántas barras de chocolate quieren sacar de la mesa?
Los tres grupos por separado analizaron el tema y la mayoría dijo “¡tomemos las seis barras! ¡si! ¡tomemos todas!”. Ya estaba decidido rápidamente, pero el orador dijo de pronto:
- ¡Ah! Se me olvidaba un detallito: de esas seis barras, tres tienen penitencias como bailar, cantar, etc.
Los integrantes de los tres grupos quedaron de piedra, y comenzaron a dudar de su decisión: un grupo dijo que tomarían sólo dos, otro dijo que tomarían cuatro y el último grupo decidió tomar las seis barras de chocolate. Un representante de cada grupo se puso en la línea de partida y a la señal de ¡ya! todos fueron corriendo a la mesa para pelearse por sacar la cantidad deseada. Luego de obtener la cantidad que pudieron sacar, analizaron el tema y eso fue lo que encontré muy interesante.
Al momento de decidir cuántos chocolates sacarían para el grupo, en primera instancia la idea era tomar todas las barras, pero al momento de saber sobre las penitencias, dieron un paso para atrás. ¡Esa es una actitud negativa! La actitud correcta es “sacaré las seis barras… ¿y si nos toca penitencia? ¡qué importa! hacemos la penitencia y punto, así tendremos las seis barras”.
La lección que recogí de esta actividad es que hay que jugársela cuando tenemos una gran oportunidad. ¿Y si hay un riesgo? ¡no importa, lo asumimos y punto! Siempre habrán baches en todo objetivo que tengamos, y no podemos usarlo como argumento para arrepentirnos a hacer algo que nos podría beneficiar. Quizás eso suene obvio, pero seguramente más de alguna vez sin darnos cuenta nos hemos arrepentido de hacer algo por algún motivo no tan importante… esta lección me enseñó a vivir la vida como un “Shumájer”.
El otro día me desayuné con la noticia de que el Ministro de Educación, Joaquín Lavín, le daría un montón de incentivos a los estudiantes con alto puntaje en la PSU para motivarlos a que entren a pedagogía, para que hayan mejores profesores en nuestro criticado sistema educacional. Bien por Lavín, bien por los beneficiados, pero ¿bien por la educación? Permítanme dudarlo un poquito…
¿Esa beca que ofrece Lavín nos garantiza tener buenos profesores? Yo lo dudo. Una persona con conocimientos elevados no es sinónimo de ser un buen profesor, de hecho tengo la sospecha que eso cosechará más profesores malos interesados más en las becas que por su vocación a enseñar.
El día 9 de Agosto de 1988, el gran Ramón Valdés partió a vivir a la vecindad del cielo, dejando millones de fans y una deuda millonaria al Sr. Barriga por sus 14 meses de renta impagas. Hoy, 22 años después, se sigue ganando la simpatía tanto de las nuevas generaciones como las más vejetes cuando aparece en El Chavo del Ocho, provocando las mismas risas (incluso si hemos visto un capítulo miles de veces).
Google… una palabra tan simple para escribir pero que es pronunciada por todos como se nos antoje. Según la información oficial de Google, la pronunciación correcta es Gúguel, pero cada uno lo pronuncia a nuestro estilo. Yo generalmente lo pronuncio “Gugl”, y me importa un pucho si está bien o mal, la cosa es que se me entienda.
¿Y cómo me hice fan? Hace varios años atrás una amiga me prestó Harry Potter y el Prisionero de Azkaban y me enganchó al instante. Esa trama tan bien tejida y ese misterio que ronda cada página (tan misteriosa como
He tenido la oportunidad de conversar con varios amigos españoles y la gran mayoría (por no decir todos) me ha dicho que España es un país muy poco nacionalistas, que símbolos tan típicos para nosotros como la bandera son símbolo de conflictos entre la gente de allá… algo como si amar a su país sea algo tan sucio como besarle los callos a Franco.



