Adiós a todo lo sabroso

El día 23 de Marzo marca un antes y un después en mi vida.

Todo comenzó aquel 27 de Febrero y el terremoto que transformó a Chile en una coctelera. La agitación, sumado a las sospechas de que algo no andaba bien en mi corazón, me pasaron la cuenta en medio de mi trabajo: no podía respirar bien, las manos me sudaban y estaba muy mareado. Hice lo que debí haber hecho hace mucho: ir directo al veter… digo al médico.

El doctor me dijo algo que me dejó con cara de WTF: “sufriste una crisis de pánico”. No daba crédito a lo que me decía, pero él insistió… de hecho me recetó unos medicamentos para dormir. Hasta el nombre me daba sueño: Calmosedan (aunque para mi se llamaban “sedante para caballos”). Al doctor le mencioné y le insistí con el problema al corazón, incluso detallándole que en esos días sentía unas pequeñas presiones en el pecho y tenía la sospecha de que algo no andaba bien por ahi. Me mandó a hacerme unos exámenes de sangre… mejor dicho muchos exámenes.

Llegué al día de la extracción de sangre (temblando de pies a cabeza, como es común en mí). La enfermera me puso la cinta en el brazo y me toqueteó las venas.
- Tienes unas venas muy malas, ¿eh? -me dijo.
- ¿En serio? Pucha, yo boté las boletas para cobrar la garantía.
El chiste era muy fome, pero ella se rió a carcajadas. Me sacó 5 frasquitos de sangre y yo me preguntaba ¿y con qué me quedo yo?.
Días después llegaron los resultados: todo bien, afortunadamente. Bueno, casi todo. Los niveles normales de colesterol para alguien de mi edad no pueden superar los 200… ¡yo tengo 244!. El médico me mandó de una patada derechito al nutricionista, quien me diagnosticó con todas sus letras sobrepeso. Era obvio: mi desorden alimenticio sumado a trabajar en el PC durante el día y llegar a mi casa para seguir trabajando dio como resultado que engordara.
¿Resultado? Desde el 23 de Marzo comienzo una estricta dieta para bajar de peso… ¡y es terrible! Hay mucha tentación en mi entorno (por ejemplo una exquisita pastelería en el camino de mi trabajo a mi casa) y tengo que combatir contra todo eso. El nutricionista me entregó una tonelada de papeles que indican lo que puedo o no puedo consumir. Es fulminante la línea que me prohibe el chocolate… ¡waaaah!
Esta dieta dura dos meses y van 3 días. No he sufrido hambre pero se echa muchísimo de menos comer algo verdaderamente exquisito (como chocolate, una Fanta, un completo…).
¿Qué terminará primero? ¿Los dos meses o mi paciencia? Ya les contaré cómo me va.