Don Franco

Franco Parisi

En las últimas semanas he seguido con atención cada tweet tuyo, cada charla, cada video en Youtube y cada una de las pocas apariciones que hacías en televisión. Tu candidatura me convenció a tal extremo que convencí a todo mi grupo familiar para que votara por ti. Tus planteamientos sobre la economía y tu cercanía me convencieron que podrías ser una opción muy interesante para que llegue a La Moneda.

Pese a lo que varios dicen, tu poca experiencia en el mundo político no debería ser motivo para no tener un buen gobierno: sólo hace falta la fuerza para liderar un buen equipo, un buen criterio para tomar las mejores decisiones y la madurez para confrontar las crisis (que de seguro las habrá).

A medida que transcurrían las semanas y tú ibas subiendo en las encuestas, comenzaste a repetir muchas veces la frase “¡vamos a pasar a segunda vuelta!”. Esa frase, para mi, es la prima-hermana de “yo no gané las elecciones en primera vuelta, así que le traspasaré mis votos a este otro candidato”. Es decir, ¿con qué derecho un candidato dice que pasará a segunda vuelta si quienes decidimos eso somos NOSOTROS, los votantes?. Esa frase la han ocupado muchos políticos y nunca esperé que tú fueras a caer en eso, sin embargo esa piedrecita en el zapato no fue suficiente motivo para arrepentirme de votar por ti.

Pasaron los días y notaba cómo le tirabas palos a ME-O. Eso lo esperaría de cualquier político, no de alguien que se enorgullece de NO ser político y SÍ un profesor. En ese momento asumí que entraste al (in)mundo de la política, por muy independiente que dijeras ser.

Parisi vs MattheiCuando una de las chorrocientas mil encuestas decía que pasaste a ME-O y dijiste “¡ahora por la Matthei!” noté cómo dejaste en paz a tu rival y apuntaste todos tus misiles a la Evelyn. Con ese gesto me di cuenta que no sólo pasaste el mundillo de la política, sino que también adoptaste sus malas costumbres de atacar y sentirse atacado. En síntesis, un político más.

Traté de hacer vista gorda a esa decepción que sentí al verte transformado en un político del montón, hasta que saltó a la vista el conflicto de los colegios y tu hermano Antonino. La verdad no me importó mucho todo el conflicto por el que se te acusa. Es más: para mí decir que serás mal Presidente por ese atado es como decir que Colo-Colo es un poderoso equipo sólo porque ganó la Copa Libertadores hace más de 20 años. No puedo criticar a un futuro Presidente por sus acciones en el pasado, porque yo soy un fiel creyente en el cambio de las personas y en el aprendizaje por sus errores, por eso yo sólo me fijo en la actitud presente para escoger al Presidente del futuro. ¿En dónde está lo malo? En la actitud que tomaste en esta crisis. Como futuro Presidente, debes tener la suficiente madurez personal para saber enfrentar los problemas y salir lo más airoso posible, pero la actitud que has tomado frente a todos me decepcionó completamente.

¿Recuerdas la entrevista que le diste a Álvaro Escobar en Más Vale Tarde, en donde repetías una y otra vez “¡ya te respondí eso!”? Si te invitaron al programa justo el día en que estalló la bomba, lógicamente era para conversar a fondo sobre ese tema (ni modo que se pusieran a hablar del terremoto o de la selección chilena). Como entrevistador, Álvaro Escobar tiene el derecho de preguntarte todo lo que su audiencia quería saber, y da igual si te hacía mil veces la misma pregunta: tú debías responderla esas mil veces si fuera necesario. Pero con esa actitud arrogante que presentaste, respondiéndole las preguntas que hacía con un gesto como de “¿y para qué me preguntas cosas tan obvias?” me dio a pensar ¿ese es el manejo que tendrá el próximo Presidente cuando haya un problema?.

Al día siguiente terminé de decepcionarme cuando leí todos tus tweets y tus comentarios públicos en donde dabas a entender que tooooooodos los medios estaban en tu contra, cuando es sabido que los noticieros vuelan como moscas hacia la caca cuando alguien se mete en problemas. Daba la impresión que te sentías atacado sólo porque alguien hablaba de ese tema y que todos los poderes económicos estaban detrás de esos noticieros que hablaban “pestes” de ti. A eso yo le tengo un nombre: CONSPIRANOIA, esa enfermedad que padecía Hugo Chávez (y se lo transmitió a Nicolás Maduro… no quiero saber cómo).

Yo no quiero tener como presidente a un saco de plomo como Hugo Chávez que, ante el primer comentario que le perjudica, piensa que hay grandes mafias detrás de él y luego comience con locuras como callar medios o quéseyo. Es por eso que decidí darme vuelta la chaqueta y no votar por ti.

No tengo idea si leerás estas líneas (espero que sí), las cuales sólo tienen como objetivo darte a entender un grave error que estás cometiendo (como siempre digo: “la gran característica de un error es que uno mismo no se da cuenta que lo está cometiendo”). Líneas atrás dije que soy un creyente en el cambio de las personas, y sinceramente espero que cambies esa actitud para volver a evaluar poner mi línea junto a tu nombre este 17 de noviembre.

Sinceramente,
Víctor, un ex parisista


En medio de todo el conflicto estudiantil, los levantamientos sociales y la Cumbre Nacional de Encapuchados que se encargan de redecorar nuestras calles, en Valparaíso hemos sido testigos de cómo la Av. Pedro Montt (la avenida principal donde se encuentra el Congreso Nacional) se va destruyendo poco a poco. En cada marcha hemos visto cómo el comercio va muriendo, las paredes terminan siendo pizarrones para grafiteruchos y la gente se esconde como cuando en el Viejo Oeste están a punto de batirse a duelo. Todo esto me llevó a decirme a mi mismo: “Oye mismo, ¿tiene algún beneficio que el Congreso Nacional siga en Valparaíso?” y, a diferencia de la mayoría de los porteños, concluí que lo mejor es que se lo lleven. Y muy lejos.

Congreso

Si lo pensamos fríamente, ¿qué beneficio trae que aquel edificio esté en nuestra ciudad?. Siempre he pensado que gracias a que el Congreso está aquí la Ruta 68 es tan expedita como ahora, pero más allá no tiene ningún aporte. Es más: hay varias razones por las que me gustaría que se lo lleven:

  1. Una maqueta gigante.
    Seamos sinceros: el edificio es feo y rompe toda la armonía visual en relación a su entorno. Tal como lo describe el gran Federico Sánchez en City Tour, el Congreso es como una maqueta pero gigante. Además es ridícula e innecesariamente alto en una ciudad donde la proporción de los otros edificios es pequeña. ¿Y para qué tiene ese enorme arco que apunta hacia la nada?
  2. Postales arruinadas.
    Desde los distintos cerros podría tomarse una foto muy bonita a todo el centro de Valparaíso, pero ese gigante manchón amarillo echa a perder toda la vista.
  3. No más encapuchados.
    La pobrecita Av. Pedro Montt ya sabe perfectamente que su señalética, basureros, semáforos o bancas de plazas terminarán siendo parte de barricadas, obra de delincuentes de mierda encapuchados que se cuelan en las marchas. Eso no sucedería si el Congreso estuviera en otro lado.
  4. Patrimonio cultural.
    En una ciudad que se enorgullece por ser Patrimonio Cultural de la Humanidad, no podemos tener semejante monstruosidad en pleno corazón de la ciudad, especialmente si motiva a los encapuchados de turno a destruir todo a su paso.
  5. Que los políticos conozcan otros rincones de Chile.
    El objetivo de plantar el Congreso en Valparaíso y no en Santiago es para combatir el centralismo. ¿Y qué tal si mejor se lo llevan a otra ciudad como Concepción, Iquique o incluso Punta Arenas? Así los Honorables se enterarían de que hay más Chile más allá de las fronteras de la zona central.
  6. Espacio perdido en una ciudad tan pequeña.
    Ese espacio mal usado por el Congreso en medio de la ciudad se podría ocupar en algo de más beneficio para la ciudad patrimonial como un parque, un museo, un teatro, un boulevard, etc. Algo que destaque a Valparaíso como el Patrimonio que es.
  7. Cero aporte.
    Actualmente el Congreso no otorga NINGÚN… ¡NINGÚN! aporte a la ciudad. Sólo recibimos factores negativos (partiendo por los políticos que pululan por ahí). Si nos beneficiara en algo, bienvenido sea.

En conclusión: ¡por favor llévense el Congreso! (pero no a Santiago, ¿ya?).


Durante mis veitimuchos años he vivido en Valparaíso y he sido testigo de la evolución de la ciudad. He visto cómo ha ganado importancia en el mundo, incluso llegando a ser nombrado Patrimonio Cultural de la Humanidad. Es indiscutible: Valparaíso es una ciudad bonita y pintoresca (sus cerros, específicamente), pero siempre le he visto un tremendo problema: el crecimiento se enfoca más en los turistas que en sus ciudadanos. Los turistas se van fascinados de Valparaíso al ver sus casas coloridas, sus laberintos de calles adoquinadas, etc. porque todo eso está en los cerros, ¿pero y el Plan (centro) de la ciudad? Calles sucias, paredes rayadas, comercio agonizante en edificios que se están cayendo a pedazos. De hecho cuando paseo por Pedro Montt me siento como en el Bronx.

Basura en ValparaísoLa culpa de la limpieza y la imagen es compartida: el Municipio y sus ciudadanos. Por una parte la Municipalidad no está haciendo bien la pega, lo que se aprecia en detalles como calles asquerosas y tarros de basura tan repletos que llegan a rebalsarse. Y sus ciudadanos al ver las calles tan descuidadas, no tiene la cultura de la limpieza (porque no hay nada bonito para mantener o cuidar). Por eso se puede ver facilmente a gente tirando papeles al suelo sin remordimiento.

Si a eso le sumamos la deficiente locomoción colectiva y el pobre comercio de la ciudad, no es de extrañar que muchos prefieran ir a Viña a hacer trámites, ir a comprar, ir al cine, etc. Por ello me alegré mucho cuando supe que estaría por nacer el Proyecto Puerto Barón.

El proyecto

La idea es establecer en el Muelle Barón un Centro comercial de la cadena Mall Plaza en un terreno de 12 hectáreas, de las cuales 7 serán destinadas a espacios públicos como un largo paseo costero y dos nuevas plazas (que según prometen, estarán abiertas 24/7), mientras las otras 5 hectáreas serán netamente comercio, como en todo Mall.

Protesta contra Mall BarónLa polémica

Al ser Valparaíso una ciudad histórica y patrimonial, las voces detractoras se han levantado y rechazan tajantemente el proyecto. Según dicen, un Mall en Valparaíso dañaría el patrimonio de la ciudad, la actividad portuaria y el tradicional comercio de  la ciudad, además de ser un crimen visual tal como el monstruoso Mall de Chiloé. Muchas organizaciones y representantes políticos se han manifestado en contra y han hecho todos los esfuerzos para detener el proyecto.

¿Y qué opino yo?

Mi opinión es super simple: creo que al centro de Valparaíso (y a sus habitantes) le hace falta algo con olor a nuevo y limpio, por eso estoy a favor del Mall Puerto Barón. Además le veo una serie de puntos importantes en este proyecto:

Paseo de Puerto BarónAlgo nuevo y bonito, ¡por fin!

En una ciudad acostumbrada a mantener lo viejo hasta que se caiga a pedazos en lugar de crear cosas nuevas y bonitas, será positivo contar con un proyecto de esta envergadura. Esto servirá para curar un poquito a Valparaíso de ese mal de Diógenes en el que ha estado sumergido hace años.  Y si el municipio en todos estos años no ha movido ni un solo dedo para hacer un proyecto de esta magnitud (y nunca lo hará), bienvenido sea que una cadena de Malls se haga cargo.

Se aprovechará el terreno desocupado.

Actualmente en Muelle Barón cuenta con un pequeño paseo y una enorme bodega (horrible, dicho sea de paso) que sirve para distintos eventos. Pero eso se transformaría en un paseo mucho más grande, amplio y con una nueva cara más limpia. Según EPV, estos terrenos no son estratégicos para sus actividades, por lo tanto no debería afectar en nada a la actividad portuaria.

Les hará ¡click! en la cabeza a muchos porteños.

La falta de la cultura de la limpieza y no tener nada bonito para cuidar en el centro de la ciudad podría acabarse con este nuevo establecimiento con áreas verdes en el borde de la ciudad, algo que le hacía mucha falta.

Más gente cerca de mi negocio = más clientes

No me creo esa teoría de que el Mall acabará con el pequeño comercio de alrededor. Yo diría que todo lo contrario: al potenciar ese sector y creando ese polo turístico/recreativo/comercial, con mayor razón el comercio se verá incrementado. ¿Y quién va a comprar cosas pequeñas a un Mall si se pueden comprar en un almacén?. Todo lo que hay dentro de un Mall (comida rápida, tiendas de ropa, etc) no se consigue en aquellas tiendas que -según dicen- se ven amenazadas. Es más: cuando alguien quiere comprar cosas que generalmente se encuentran en un Mall, no le queda otra opción que llevarse su dinero a Viña… hasta ahora.

Más pega en Valparaíso

Semejante construcción requerirá mucha mano de obra. Según las cifras del propio Mall Plaza, requerirán 1.500 personas durante su construcción y 2.500 cuando ya esté totalmente operativo. Todo lo que sea trabajo (y sin salir de la ciudad), bienvenido sea.

¡Turistas, Valparaíso ha crecido!

Sus cerros con sus laberintos adoquinados, aquello que vuelve locos a los turistas, no tienen por qué cambiar por la construcción de Puerto Barón. Entonces el turista tendrá la oportunidad de disfrutar de la ciudad con sus cerros y su puerto remozado.

Que los permisos, que los estudios, que la huinsha de la shala y la casha’e la espáh…

Hay otras objeciones más a nivel técnico y jurídico que, en lo personal, no me importan. Con todos los beneficios que le veo a este proyecto, no me importaría que el Fisco suelte dinero, o que hayan teorías conspiranóicas y capitalistas. Lo que quiero es simplemente caminar por un puerto bonito y disfrutar.

Estas líneas no buscan tratar de convencer a nadie, sólo estoy expresando mi opinión personal. Pero en verdad yo QUIERO que Valparaíso cambie para bien no sólo de los turistas, sino de los ciudadanos. Me da mucha pena ver cómo el centro de Valparaíso se está marchitando mientras que otras ciudades como Viña del Mar crecen y crecen por iniciativas como ésta. Creo que es una buena oportunidad de dejar de ser el patio trasero del litoral y revivir Valparaíso.


Windows 8Dicen por ahí que la reacción del usuario es distinta cuando se actualiza su sistema operativo: el de Linux dice “¡Genial! Más cosas gratis :D” mientras que el de Mac “¡Sólo por US$99!”. ¿Y qué decimos los usuarios de Windows? “¡Ay no… Otra vez no…!”.

Esa misma fue mi reacción cuando se anunció la nueva versión del producto ancla de Microsoft: Windows 8. Es que la tendencia dice que después de un buen Windows viene uno malo:

  • No me gusta Windows 95
  • Me gusta Windows 98
  • No me gusta Windows Millenium
  • Me gusta Windows XP
  • No me gusta Windows Vista
  • Me gusta Windows 7
  • No me gusta ________

Lamentablemente no nos podemos hacer los locos cuando la gran M te exige actualizar, porque tarde o temprano comenzarán las amenazas de que nuestra versión será obsoleta (como el inmortal e incombustible Windows XP). Y si a eso le añadimos que el precio de Windows 8 era casi 1/3 del precio promedio de sus versiones anteriores, no había otro remedio que actualizar.

Inicio touchUn tablet gigante

Luego de instalar Windows 8 y comenzar a utilizarlo, sentí que Microsoft transformó mi PC en un tablet gigante que se opera con mouse y teclado. Íconos enormes y poco prácticos, como si el cursor del mouse fuera del tamaño de un dedo. Ese sistema operativo fue concebido con la ilusión de que el mundo de los tablets dominaría el planeta por sobre los PC y laptops tradicionales, pero los usuarios tradicionales que no nos podemos dar el lujo de “tocar” un elemento si no es con un mouse quedamos operando este sistema operativo de la manera más incómoda posible (y si es incómodo con mouse, imagina cómo es usarlo con el touchpad de un notebook).

Inicio Windows

El fin del Inicio

El impacto más fuerte fue ver que aquel botón tan presionado por mí durante el día ya no estaba. El botón Inicio, aquel elemento que nos permitía tener todo a mano, había dejado de existir. En su lugar debemos pinchar en aquella esquinita un botón invisible (o el fantasma del botón Inicio) para desplegar un menú en pantalla completa tan poco personalizable como un iPhone. Una pantalla que sólo permite poner íconos cuadrados y moverlos de lugar (y en contados casos, redimensionarlo a sólo 2 tamaños disponibles). ¿Y los documentos recientes, los submenús, el acceso a “Ejecutar…” la lista ordenadísima de los programas instalados, la capacidad de arrastrar íconos desde y hacia el Inicio?

Tienda de aplicacionesApps más inútiles que el shampoo de Voldemort

Todo este revolucionario cambio se hizo con un claro objetivo: introducir el concepto de Aplicaciones en Windows. Las apps se abren en pantalla completa bloqueando la vista de todo lo demás que ocurre en el PC, algo que rompe totalmente la manera común de usar un equipo normal. ¿A quién le gusta usar un programa sin ver la barra de estado, el menú Inicio, ni siquiera los inocentes botones de minimizar y cerrar?. Por último la pérdida podría haber valido la pena si es que hubiera alguna aplicación útil, pero (a mi juicio) no hay ninguna… NINGUNA… ¡¡¡NINGUNA!!! que preste una utilidad real y concreta.

En conclusión: el menú Inicio fue exterminado para crear un nuevo ecosistema de aplicaciones inútiles. ¿Qué tal?

En un par de meses se lanzará Windows 8.1, la actualización con cara de “se supone que hemos escuchamos a los usuarios” que jura resolver algunas quejas. No todas, lógicamente (si admiten que la cagaron, Microsoft oficialmente se caerá a pedazos), pero al menos servirá como un bálsamo para todos los usuarios descontentos con esta actualización. No se puede negar que hay una gran mejoría en estabilidad, rapidez y blablabá, pero ¿valió la pena crear un Windows pensando principalmente en usuarios facebookeros con tablets?. Si Microsoft no termina de mear fuera del tiesto, terminará meado.

¿Y tú usas Windows 8? ¿O aún disfrutas del menú Inicio?


¡Por fin! Han pasado 2 años desde mi última entrada y, después de tanta agua bajo el puente y tantos intentos fallidos de automotivación, vuelvo a abrir este sucucho mejor conocido como El Rincón de Vito totalmente recargado.

¿Por qué decidí cerrar este blog? (sí, cerró hace mucho tiempo, por si no lo sabías). Sencillamente porque asumí que mi poca constancia no me permitía mantener al día un blog, y opté por darle una muerte discreta y silenciosa.

¿Y por qué lo reabrí? Porque han pasado cosas muy interesantes en el mundo y me frustra no poder lanzar mi opinión en más de 140 caracteres. Además que la tecnología permite hacer patria en la web no sólo desde un PC (por ejemplo, ahora estoy escribiendo estas líneas en el Metro mientras voy viajando rumbo a casa).

Nuevo RIncón de Vito

 

¿Qué prometo en este Blog? No constancia, para qué mentir. Pero sí una pizca de mi particular manera de mirar el mundo en el que vivimos. Porque para eso sirven los blogs, ¿no?.

Mientras tanto te doy la bienvenida a mi escritorio (pásate por www.rincondevito.com si es que estás leyendo estas líneas desde un lector RSS como… snif… Google Reader… snifff…), que se encuentra tan desordenado como siempre. Y dependiendo de qué tan bien me conozcas podrás ir identificando los distintos stickers que verás en la parte superior de la web.

¡Ah! Y cuidadito con manchar mis cosas con café…